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UNA REVALORACIÓN DE LA TEORIA DEL VALOR DE MARX.

RUTILO FRANCISCO VASQUEZ. EL HOMBRE Y LA CIENCIA1

GUADALAJARA, JALISCO. JUNIO DE 2004.


El Ing. Francisco Rutilo Vásquez es egresado del Centro Universitario de Ciencias Exactas e Ingeniería, de la Universidad de Guadalajara. Actualmente es profesor e investigador, de medio tiempo Asociado “A”, de la Escuela Preparatoria No. 2 turno nocturno.


La presentación y disposición en conjunto de EL HOMBRE Y LA CIENCIA son propiedad del Autor. Ninguna parte de esta obra puede ser reproducida o transmitida, mediante ningún sistema o método electrónico o mecánico (incluyendo el fotocopiado, la grabación o cualquier sistema de recuperación y almacenamiento de información) sin consentimiento por escrito del Autor.


@ Derechos Reservados.


Primera Edición: 2004.


INTRODUCCIÓN.


Actualmente el conocimiento humano ha avanzado de manera impresionante, pero también se ha dispersado mucho, por lo que se hace necesaria una revaloración en sus principales áreas, en las cuales están sus fundamentos: filosofía, física, biología y sociología.


En este trabajo hacemos un análisis en el área de la sociología por que nos interesa revalorar los fundamentos de la teoría sociológica científica, con el objetivo fundamental de comprender con más profundidad el desarrollo social. Y como los fundamentos de la sociología están en la economía política, entonces haremos un análisis de la teoría del valor de Marx, ya que consideramos que es la ley más importante de la economía política.


Como sabemos, la base de cualquier teoría está en sus postulados. Pero del hecho que los postulados de una teoría sean válidos, no se sigue que toda la teoría sea válida. Esto porque entre la esencia y el fenómeno existen muchos eslabones intermedios, en los cuales el investigador puede perderse. Consideramos que esto es lo que le pasó a Marx con su teoría del valor. Él planteó correctamente que el trabajo abstracto es el creador del valor de las mercancías, pero al desarrollar su teoría creemos que identifica al trabajo abstracto con el trabajo concreto, y como consecuencia identifica también el valor con el precio. En este caso Marx comete el mismo error que les achacaba a Adam Smith y a David Ricardo.


En el siguiente capítulo desarrollaremos nuestras principales hipótesis con respecto a las modificaciones de la teoría del valor de Marx, las cuales consideramos fortalecen la capacidad analítica de ésta teoría.

CAPITULO I

DESARROLLO DEL TEMA.


Antes de plantear nuestra hipótesis central, veamos lo que nos plantea Marx con respecto al significado de los conceptos de trabajo abstracto y de trabajo concreto. Aquí es necesario recordar que para los clásicos de la economía política, Adam Smith y David Ricardo, no existía ésta dualidad del trabajo. Ellos solamente hablaban del trabajo como el creador del valor de las mercancías.


Veamos lo que nos dice Marx: “...he sido el primero en exponer críticamente esa naturaleza bifacética del trabajo contenido en la mercancía. Como este punto es el eje en torno al cual gira la comprensión de la economía política, hemos de dilucidarlo aquí con más detenimiento.”2


Como vemos, Marx considera que las categorías de trabajo abstracto y de trabajo concreto son las categorías más importantes de la economía política. En esto concordamos con Marx, pues de estas categorías, y en especial de la categoría de trabajo abstracto se deriva la ley más general y esencial de la economía política: la ley del valor, la cual es el objeto de análisis de este trabajo.


En cuanto al significado de los trabajos abstracto y concreto, veamos lo que Marx nos dice en las siguientes citas:


...si hacemos abstracción de su valor de uso, abstraemos también los componentes y formas corpóreas que hacen de él un valor de uso. Ese producto ya no es una mesa o casa o hilo o cualquier otra cosa útil. Todas sus propiedades sensibles se han esfumado. Ya tampoco es producto del trabajo del ebanista o del albañil o del hilandero o de cualquier otro trabajo productivo determinado. Con el carácter útil de los productos del trabajo se desvanece el carácter útil de los trabajos representados en ellos y, por ende, se desvanecen también las diversas formas concretas de esos trabajos; éstos dejan de distinguirse reduciéndose en su totalidad a trabajo humano indiferenciado, a trabajo abstractamente humano”.3


Todo trabajo es, por un lado, gasto de fuerza humana de trabajo en un sentido fisiológico, y es en esta condición de trabajo humano igual, o de trabajo abstractamente humano, como constituye el valor de la mercancía. Todo trabajo, por otra parte, es gasto de fuerza humana de trabajo en una forma particular y orientada a un fin, y en esta condición de trabajo útil concreto produce valores de uso.”4


...si se prescinde del carácter determinado de la actividad productiva y por tanto del carácter útil del trabajo, lo que subsiste de éste es el ser un gasto de fuerza de trabajo humana. Aunque actividades productivas cualitativamente diferentes, el trabajo del sastre y el del tejedor son ambos gastos productivos del cerebro, músculo, nervio, mano, etc., humanos, y en este sentido uno y otro son trabajo humano. Son nada más que dos formas distintas de gastar la fuerza humana de trabajo...”5


“…Así como los valores de uso chaqueta y lienzo son combinaciones de actividades productivas orientadas a un fin que se efectúan con paño e hilado, y en cambio los valores chaqueta y lienzo sólo son mera gelatina homogénea de trabajo, también los trabajos contenidos en dichos valores no tienen validez por su relación productiva con el paño y el hilado sino sólo como gastos de fuerza humana de trabajo.”6


Un valor de uso o un bien, por ende, sólo tiene valor porque en él está objetivado o materializado trabajo abstractamente humano. ¿Cómo medir, entonces, la magnitud de su valor? Por la cantidad de “sustancia generadora de valor” -por la cantidad de trabajo- contenida en ese valor de uso. La cantidad de trabajo misma se mide por su duración, y el tiempo de trabajo a su vez, reconoce su patrón de medida en determinadas fracciones temporales, tales como hora, día, etcétera.”7


Hasta aquí estamos de acuerdo con todo lo que Marx plantea en las citas anteriores. En primer lugar, el planteamiento de la dualidad del trabajo: el trabajo abstracto y el trabajo concreto, es una de las más importantes contribuciones de Marx a la economía política, pues de este planteamiento se deriva la ley más general y esencial de la economía política como ciencia: la ley del valor. En el caso de los economistas clásicos, cuando éstos hablaban del trabajo, solamente se referían al trabajo concreto. Y en segundo lugar, en cuanto al significado del trabajo abstracto y del trabajo concreto, podemos sintetizarlo como sigue: el trabajo concreto es diverso, heterogéneo, diferenciado, es decir, es el trabajo del sastre, del carpintero, del herrero, etc.; en cambio, el trabajo abstracto es único, homogéneo, indiferenciado, ya que este trabajo no es más que la energía física y mental que el trabajador gasta al producir mercancías. En otras palabras, el trabajo abstracto es lo que hay de común en todos los trabajos concretos.


Con relación a la ley del valor, ésta ley nos dice que el valor de las mercancías está determinado por la cantidad de trabajo abstracto absorbido por ellas en su producción, y la magnitud del valor de dichas mercancías está determinado por el tiempo de trabajo transcurrido para producirlas.


Para continuar este trabajo de investigación, sugerimos al lector poner mucha atención en las siguientes citas de Marx, ya que de ellas se deriva nuestra hipótesis central y todas las demás hipótesis secundarias.


...en la producción de una mercancía, solo utiliza el tiempo de trabajo promedialmente necesario, o tiempo de trabajo socialmente necesario. El tiempo de trabajo socialmente necesario es el requerido para producir un valor de uso cualquiera, en las condiciones normales de producción vigentes en una sociedad y con el grado social medio de destreza e intensidad de trabajo. Tras la adopción en Inglaterra del telar de vapor, por ejemplo, bastó más o menos la mitad de trabajo de antes para convertir en tela determinada cantidad de hilo. Para efectuar esa conversión, el tejedor manual ingles necesita emplear ahora exactamente el mismo tiempo de trabajo que antes, pero el producto de su hora individual de trabajo representa únicamente media hora de trabajo social, y su valor disminuyó, por consiguiente, a la mitad del que antes tenía”.8


Es sólo la cantidad de trabajo socialmente necesario, pues, o el tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de un valor de uso, lo que determina su magnitud de valor. Cada mercancía es considerada aquí en general, como ejemplar medio de su clase...”.9

Desde aquí en adelante es donde empezamos a tener serias diferencias con los planteamientos de Marx, pues estamos totalmente en contra de lo que afirma en las dos citas anteriores. En primer lugar, no estamos de acuerdo que el trabajo que crea el valor de las mercancías sea un trabajo social medio, es decir, una especie de trabajo promedio. Y en segundo lugar, tampoco estamos de acuerdo que una hora de trabajo individual (la del tejedor manual) equivalga a media hora de trabajo social (la del tejedor con telar de vapor). Aquí no estamos de acuerdo en la división que hace Marx entre trabajo individual y trabajo social.


HIPÓTESIS CENTRAL.


Las razones por las cuales no estamos de acuerdo con Marx en estos planteamientos, las desarrollamos en nuestra hipótesis central, la cual dice lo siguiente: como la ley del valor es la ley más universal de la economía política, entonces el trabajo que crea las mercancías no es un trabajo social medio, sino el trabajo abstracto individual contenido en cada una de las mercancías.


Esto, porque el trabajo abstracto es absolutamente homogéneo e indiferenciado, por lo que no es susceptible de promedios. Solamente el trabajo concreto es susceptible de promedios. Por lo tanto, si hablamos del trabajo abstracto no podemos hablar de trabajo social medio, ni tampoco de trabajo individual y de trabajo social.


También nuestra hipótesis central afirma que es un profundo error plantear, como lo hace Marx, que una hora de trabajo individual del tejedor manual puede equivaler a media hora del trabajo social del tejedor con telar de vapor. El trabajo individual o privado, que es el que realmente crea el valor de las mercancías, adquiere su carácter social no por ser una especie de trabajo promedio, sino por ser un trabajo útil socialmente, pues es un trabajo cuyos productos son consumidos por la sociedad.


Además, este trabajo individual forma parte del trabajo social total, el que es necesario para la manutención de toda la sociedad.


Por todas estas razones, afirmamos que Marx identificó o redujo el trabajo abstracto al trabajo concreto.


La siguiente hipótesis, la cual se deriva de la hipótesis central, nos dice: las condiciones medias de destreza de los trabajadores, de productividad y de intensidad del trabajo, entre otras, determinan el precio de las mercancías, pero no su valor como lo planteo Marx.


Si Marx afirmaba que el valor social de las mercancías podía estar por arriba o por abajo del valor individual de dichas mercancías, nosotros, por el contrario, afirmamos que es el precio de las mercancías el que puede estar por arriba o por abajo del valor de estas mercancías. Esto, porque para nosotros no existen los valores individual y social de las mercancías, sólo existe el valor de las mismas.


Los precios de las mercancías los van imponiendo las empresas y las ramas productivas de mayor rendimiento, de tal manera que dichos precios están por arriba de los valores de las mercancías de las empresas de mayor productividad, y por abajo del valor de las mercancías de las empresas de menor productividad. Por lo tanto, los precios que están por arriba del valor de las mercancías absorben plusvalía de otras empresas, mientras que los precios que están por abajo del valor de las mercancías ceden plusvalía a otras empresas.


De esto deducimos que los precios no son más que un mecanismo de transferencia de plusvalía (valor) de las empresas menos productivas a las más productivas. Desde luego, cuando el precio de las mercancías coincide con su valor no existe transferencia de valor. Por todas estas razones, concluimos que Marx identificó el valor de las mercancías con el precio de las mismas.


De nuestra segunda hipótesis se deriva que las mercancías no se venden por su valor, sino por su precio, por lo que existe una transferencia de valor (plusvalía) de unas empresas a otras. En cambio, para Marx las mercancías siempre se venden por su valor, por su valor social decía él y si bien es cierto que este valor social podía estar por arriba o por abajo del valor individual de dichas mercancías, la transferencia de plusvalía (valor) no era posible, pues lo que realmente pasaba, según Marx, es que el trabajo de las empresas más productivas es de mayor peso específico que el trabajo de las empresas menos productivas. Por ésta razón, Marx afirmaba que las empresas con mayor productividad generaban más valor que las empresas menos productivas, por lo que una hora de trabajo menos productivo solamente podía equivaler a media hora de trabajo más productivo. Nosotros pensamos que por ésta visión, la cual consideramos equivocada, Marx no pudo prever con más claridad la etapa monopolista del capitalismo, ya que entre más se ha desarrollado ésta etapa el desarrollo económico es cada vez más desigual y, por lo tanto, la transferencia de plusvalía de las empresas menos productivas a las más productivas, a través de los precios, es cada vez mayor. Por ésta razón, también la concentración y la centralización de la producción y del capital es cada vez mayor. Para nosotros, las empresas más productivas no crean más plusvalía que las empresas menos productivas, sino que absorben más plusvalía de las empresas menos productivas, que es otra cosa.


Para convencernos de que Marx no aceptaba la transferencia de valor de unas empresas a otras, veamos lo que dice en la siguiente cita:


...con la introducción de maquinaría nueva, mientras la masa de la producción siga basándose todavía en los viejos medios de producción, el capitalista puede vender la mercancía por debajo de su valor social, con la condición de que venda por encima de su valor individual, vale decir, por encima del tiempo de trabajo que requiera para su fabricación en el nuevo proceso de producción. Aquí parece, pues, que el plusvalor proviene de la venta, del hacer pagar más caro a los demás poseedores de mercancía, de la elevación del precio de la mercancía por encima de su valor, no de la disminución del tiempo de trabajo necesario y de la prolongación del tiempo de plustrabajo. Pero ésta es sólo la apariencia. Mediante la excepcional fuerza productiva que el trabajo obtiene aquí a diferencia del trabajo medio en el mismo ramo de actividad, se convierte en relación con éste, en trabajo superior, de modo que, por ejemplo, una hora laboral suya es igual a 5/4 de una hora laboral de trabajo medio...”10.


Otro de los errores de Marx es el haber considerado los trabajos: simple y complejo, potenciado y no potenciado, de mayor y menor peso específico, cualitativamente superior e inferior, más o menor productivo y calificado y no calificado, como formas de trabajo abstracto, cuando realmente son formas de trabajo concreto.


Esto porque, como ya lo afirmamos antes, el trabajo abstracto es absolutamente homogéneo e indiferenciado, por lo que es imposible que tome las formas mencionadas. Por lo tanto, también es imposible que una hora de trabajo abstracto de una empresa más productiva sea igual o equivalga a varias horas de trabajo de otra empresa menos productiva. Nosotros pensamos que el trabajo calificado o complejo o más potenciado, etc., vale más, pero no crea más valor. Las que si son formas del trabajo abstracto son los trabajos más o menos intensivos. El trabajo abstracto más intensivo contiene más trabajo en la misma unidad de tiempo que el trabajo abstracto menos intensivo, pero si los trabajos abstractos de diferentes empresas con diferentes productividades tienen la misma intensidad, entonces la misma unidad de tiempo en todas éstas empresas contendrá la misma cantidad de trabajo abstracto, aunque el número de las mercancías (la misma mercancía) producidas por cada una de las empresas sea diferente: mayor en las empresas mas productivas y menor en las empresas menos productivas. Esto, porque el trabajo concreto (el que crea el valor de uso de las mercancías) depende del desarrollo de las fuerzas productivas, mientras que el trabajo abstracto no depende de este desarrollo.


Para reforzar lo que hemos dicho con respecto a las formas del trabajo concreto y del trabajo abstracto, veamos las siguientes citas de Marx.


...Pero el valor de la mercancía representa trabajo humano puro y simple, gasto de trabajo humano en general... Este es gasto de la fuerza de trabajo simple que, término medio, todo hombre común, sin necesidad de un desarrollo especial, posee en su organismo corporal... Se considera que el trabajo más complejo es igual sólo al trabajo simple potenciado o más bien multiplicado, de suerte que una pequeña cantidad de trabajo complejo equivale a una cantidad mayor de trabajo simple...”.11


...El trabajo cuya fuerza productiva es excepcional opera como trabajo potenciado, esto es, en lapsos iguales, genera valores superiores a los que produce el trabajo social medio del mismo tipo...”.12


...En la medida en que aquí el trabajo del país más adelantado se valoriza como trabajo de mayor peso específico, aumenta la tasa de ganancia al venderse como cualitativamente superior al trabajo que no ha sido pagado como tal...”.13


Como vemos, en estas citas Marx insiste en que el trabajo más productivo crea más valor que el trabajo menos productivo. Sin embargo, nosotros también insistimos que la fuerza de trabajo más productiva vale más, pero no crea más valor. Esto, porque como ya lo mencionamos, el trabajo abstracto como el creador del valor de las mercancías no puede ser ni simple ni complejo, ni mas ni menos potenciado, etc., porque es absolutamente homogéneo e indiferenciado.


LA PLUSVALIA RELATIVA NO EXISTE.


De su postulado, el cual consideramos falso, que dice que una unidad de trabajo abstracto de una empresa más productiva equivale a varias unidades de trabajo abstracto de otra empresa menos productiva, Marx deduce la existencia de la llamada plusvalía relativa. Esto es, esta plusvalía depende del desarrollo de las fuerzas productivas (del desarrollo tecnológico), aumenta cuando estas fuerzas aumentan, y disminuye cuando dichas fuerzas también disminuyen. Para nosotros éste tipo de plusvalía no existe, pues no aceptamos el postulado del cual Marx la deduce. Para nosotros solamente existe la plusvalía, sin apellido.


Veamos en la siguiente cita la conclusión a que llega Marx:


El valor de la mercancía está en razón inversa a la fuerza productiva del trabajo. Igualmente, lo está porque se halla determinado por valores de las mercancías, el valor de la fuerza de trabajo. Por el contrario, el plusvalor relativo está en razón directa a la fuerza productiva del trabajo. Aumenta cuando aumenta la fuerza productiva, y baja cuando ésta baja...”.14


Para nosotros, en la cita anterior, la parte donde se habla del plusvalor relativo es falsa, por lo que solamente aceptamos la primera parte de dicha cita. Entonces la conclusión verdadera quedaría como sigue:


El valor de las mercancías está en razón inversa a la fuerza productiva del trabajo. Igualmente, lo está, porque se halla determinado por valores de las mercancías, el valor de la fuerza de trabajo…”


La importante conclusión anterior, la podemos formular como sigue: Con el desarrollo de las fuerzas productivas, la magnitud del valor de las mercancías, incluida la fuerza de trabajo, tiende a disminuir. Esta conclusión adquiere el carácter de ley, y es la ley más importante de la economía política después de la ley del valor.


Si la plusvalía relativa no existe como nosotros lo postulamos, entonces la teoría de la tasa descendente de ganancia de Marx se fortalece. Esto porque hay economistas y filósofos antimarxistas, e incluso marxistas, que afirman que dicha tasa de ganancia no tiene validez general, pues la existencia de la plusvalía relativa evita su caída permanente como efecto del aumento también permanente de la composición orgánica del capital. Pero si la plusvalía relativa no existe, entonces la composición orgánica de capital varía con más rapidez que la tasa de plusvalía, lo que con esto la ley de la tasa descendente de ganancia de Marx adquiere una absoluta validez general.


Ahora para finalizar este trabajo ¿Cuáles son las principales fuerzas contrarrestantes para amortiguar la caída de la tasa de ganancia? Nosotros pensamos que son: la concentración y la centralización de la producción y del capital, y el desarrollo económico cada vez más desigual. Con estas dos fuerzas se aumenta cada vez más la masa de ganancia, y las empresas que van a la cabeza del desarrollo tecnológico absorben valor (plusvalía, riqueza) cada vez más de las empresas menos desarrolladas tecnológicamente. Aunque considerando toda la economía de un país, no se evita la caída de la tasa de ganancia, con el desarrollo económico desigual, las empresas más desarrolladas tecnológicamente no solamente logran evitar la caída de su tasa de ganancia, sino que la transforman en tasa ascendente, por lo menos por períodos prolongados. En cambio, para las empresas más atrasadas su tasa de ganancia siempre es descendente, y en algunos períodos es más pronunciada de la normal.


Finalmente, consideramos que en la actualidad el capitalismo mundial ha llegado a niveles alarmantes de concentración y centralización de la producción y del capital, y de desarrollo económico desigual, por lo que se pone en grave riesgo la sobrevivencia de la sociedad. Ante ésta situación, creemos que la única alternativa es el socialismo, por lo que todos debemos luchar por su advenimiento, antes que la sociedad actual se autodestruya.


CAPITULO II

CONCLUSIONES.


  1. En la investigación científica, no basta con descubrir la esencia de los fenómenos, pues entre la esencia y lo externo existen eslabones intermedios, en los cuales el investigador se puede perder. Esto es lo que de alguna manera le pasa a Marx en su teoría del valor de las mercancías.

  2. Marx diferenció correctamente el trabajo abstracto del trabajo del trabajo concreto, pero cuando formula su teoría del valor y del precio, identifica el trabajo abstracto con el trabajo concreto y el valor con el precio.

  3. Cuando Marx toma los trabajos: simple y complejo, más y menos potenciado, mas y menos productivo, entre otros, como formas del trabajo abstracto, llega a la conclusión de que una unidad de tiempo de trabajo abstracto de una empresa mas productiva equivale a varias unidades de tiempo de trabajo abstracto de otra empresa menos productiva. Este postulado lo llevó a plantear la existencia de la plusvalía relativa y la no transferencia de valor de las empresas menos productivas a las más productivas.

  4. En cuanto al valor de las mercancías, Marx planteó que es el trabajo abstracto el que crea dicho valor, pero luego dice que éste trabajo es una especie de trabajo social medio. También hace una diferencia entre valor individual y valor social, y que es el valor social el verdadero creador del valor.

  5. Nosotros pensamos que el valor lo crea el trabajo abstracto, pero que este trabajo que crea el valor de la mercancía no es un trabajo social medio, sino el trabajo individual que contiene cada mercancía. Esto, porque el trabajo abstracto es absolutamente homogéneo e indiferenciado. Tampoco aceptamos la división del valor en valor individual y el valor social.

  6. El precio de las mercancías es el que sí, según nosotros, es resultado de las condiciones medias y del trabajo social medio, pero no el valor. Por esto afirmamos que Marx identificó el trabajo abstracto con el trabajo concreto y el valor con el precio.

  7. Tampoco estamos de acuerdo con el postulado de Marx, el cual afirma que una unidad de tiempo de trabajo abstracto de una empresa más productiva equivale a varias unidades de tiempo de trabajo abstracto de otra empresa menos productiva, por ésta razón, tampoco aceptamos la existencia de la plusvalía relativa.

  8. Creemos que la no-existencia de la plusvalía relativa fortalece la teoría de Marx de la tasa descendente de ganancia. Y que las principales fuerzas que contrarrestan esta caída son la concentración y la centralización de la producción y del capital, y el desarrollo económico cada vez más desigual.

  9. En la formación del valor, Marx no acepta la transferencia de valor de las empresas menos productivas a las más productivas, pero en la formación del precio de producción si la acepta. Aunque luego introduce los conceptos de valor de mercado y de precio de mercado, e incluso llega a identificar el valor de mercado con el precio de producción. Esto, por haber tomado Marx el trabajo abstracto que crea el valor, como un trabajo social medio.

  10. Con el desarrollo del capitalismo, el precio de las mercancías diverge cada vez más de su valor. Esto, porque el desarrollo económico en el capitalismo es cada vez más desigual.

  11. Finalmente, en el capitalismo actual la concentración de la riqueza y el desarrollo económico desigual han alcanzado niveles alarmantes, los cuales amenazan seriamente la sobrevivencia de la sociedad, por lo que es urgente reemplazar al capitalismo por otro sistema superior, antes de que la sociedad se autodestruya. Nosotros creemos que éste sistema superior es el socialismo, y que no hay otra alternativa.

BIBLIOGRAFÍA.


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  11. Fred L. Block. Los orígenes del desorden económico internacional. FCE.

  12. John Strachey. Naturaleza de las crisis. Ed. Publicaciones Económicas. La Habana. 1971.

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  24. Alejandro Valle Baeza. Valor y precios. Una forma de regulación del Trabajo Social. Ed. UNAM. 1991.




1 Editorial de la Sociedad de Filosofía y Ciencias (SOFIC)

2 Carlos Marx: El capital. Ed. Siglo XXI, T.I, Vol. I, 10a ed., 1981, p. 51.

3 Ib., p. 47.

4 Ib., 57.

5 Ib., 54.

6 Ib., 55

7 Ib., 47.

8 Ib., 48.

9 Ib., 48

10 Ib., 38

11 Ib., 54

12 Carlos Marx. El Capital. Ed. Siglo XXI, T.I.Vol.II. 7ª ed. 1979. p. 386.

13 Carlos Marx. El Capital. Ed. Siglo XXI, T.III.Vol.VI. 5ª ed. 1982. p. 304.

14 Carlos Marx, El capital. Ed. Siglo XXI, T.I, Vol. II., 7ª ed. 1979, p. 307.

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